El primer compuesto de dinitrógeno.

Una y otra vez, los químicos caen en la trampa de pensar de manera simplista. El dinitrógeno es una molécula muy poco reactiva, pero esto no significa que sea totalmente inerte. El dinitrógeno es isoelectrónico con el monóxido de carbono, aunque hay una diferencia importante en cuanto a que el dinitrógeno es no polar, mientras que el monóxido de carbono es polar. No obstante, el concepto de isoelectronicidad es útil para predecir la posible formación de un compuesto.

A principios de 1964 Caesar Senoff, un estudiante de química canadiense de la Universidad de Toronto trabajaba con compuestos de rutenio. Senoff sintetizó un compuesto de color café cuya composición no pudo explicar. Pasó algún tiempo, y en mayo de 1965, durante una plática con otro químico, Senoff cayó en la cuenta de que la única explicación posible era que la molécula contenía la unidad N2 ligada al metal de forma análoga al enlace CO-metal. Emocionado, Senoff lo comentó con su muy escéptico supervisor, Bert Allen. Al cabo de varios meses, Allen aceptó finalmente presentar los hallazgos a una revista para su publicación. El manuscrito fue rechazado, algo que ocurre con frecuencia cuando un descubrimiento contradice las ideas que gozan de aceptación. Después que Allen y Senoff refutaron las críticas, la revista envió el manuscrito revisado a otros 16 químicos a fin de obtener sus comentarios y aprobación antes de publicarlo. Finalmente, se imprimió el artículo y el mundo de la química inorgánica cambió una vez más.

Desde entonces se conocen muy bien los compuestos de metales de transición que contienen la unidad N2, y algunos de ellos se preparan simplemente burbujeando nitrógeno gaseoso en la disolución de un compuesto metálico. (Por esta razón, los químicos que se dedican a la investigación ya no utilizan dinitrógeno como atmósfera inerte en sus reacciones.) Algunos de estos compuestos son de interés porque son análogos a los compuestos que las bacterias del suelo producen cuando convierten dinitrógeno en amoniaco. Sin embargo, ninguno de estos compuestos ha alcanzado gran importancia práctica, aunque sirven como recordatorio a los químicos inorgánicos de que nunca deben decir "¡imposible!".